La arquitectura en búsqueda del hogar ideal

La verticalidad, la diversidad tipológica y el espacio público, ejes de los nuevos proyectos arquitectónicos.

POR Jessica Zermeño

CIUDAD DE MÉXICO — Para 2030, 40% de la población mundial, es decir 3,000 millones de personas, requerirá una vivienda digna, mientras que hoy América Latina necesita alrededor de 42 millones de unidades al año, estima UN Habitat. En México, tan sólo en el Distrito Federal la demanda está calculada en 48,000 casas al año, más de la mitad de lo que se construye, según la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi).

A lo anterior se suma la proliferación de zonas marginales que, de acuerdo con UN Habitat, son más de 110 millones en América Latina y evidencian “una mala planeación urbana y un mal funcionamiento del sector vivienda”.

Ante ese panorama, los arquitectos reconocen la falta de propuestas arquitectónicas de vivienda social que respondan a los actuales ritmos de vida de la población, pero estiman que este es un buen momento para proponer nuevos diseños, y algunos ya comienzan a ver la luz.

La arquitectura debe resarcir el daño al tejido familiar y social, causado por los proyectos de vivienda construidos lejos de los centros de trabajo y sin los servicios suficientes, expresa la arquitecta Sara Topelson, exsubsecretaria de Desarrollo Urbano de la Secretaría de Desarrollo Social.

La también titular del Centro de Investigación y Documentación de la Casa menciona que “ha habido una ausencia real de los arquitectos en la vivienda social”, pero sí ha habido propuestas eficientes, y lo que ahora se requiere es un modelo “intraurbano, vertical… algunos proyectos ya cambian eso, lo que es plausible”, agrega.

Obras revisa aquí tres proyectos que desde diversas trincheras buscan ser una solución a esa enorme necesidad que plantea el futuro en puerta.

RENDER: Cortesía Vivo Ritco

La clave, convencer al desarrollador

Sus creadores lo definen como un nuevo tipo de vivienda urbana sustentable. Este desarrollo, realizado por Arquitectura 911sc para Consorcio ARA, en Iztapalapa, DF, es-tá compuesto por 621 casas en edificios de cuatro plantas, lo que promueve, de acuerdo con sus hacedores, las construcciones verticales, es decir, la densidad, y revitaliza el espacio público. Su comercialización está prevista para finales de este año.

El arquitecto Jose Castillo, socio de Arquitectura 911, explica que para realizar este tipo de proyecto lo primordial fue convencer a la desarrolladora de la ubicación y las características imprescindibles.

El despacho arquitectónico tiene una agenda clara en materia de vivienda social: no saturar las plantas bajas con estacionamientos, sino mandar los autos a un medio sótano, y en su lugar construir espacios públicos o patios para incentivar la vida social.

Jose Castillo también subraya la búsqueda de innovar en la tipología de los departamentos, “hacer muchos diferentes y lograr el uso mixto de los espacios, para colocar pequeños comercios en los mismos proyectos”.

El despacho fue copartícipe, junto con el desarrollador, en la decisión de dónde comprar el terreno para la construcción del complejo habitacional. Se buscó que estuviera cercano a, por lo menos, un tipo de transporte masivo; está a unos pa-sos del metrobús Tepalcates y del metro Canal de San Juan, y a una cuadra de la calzada Zaragoza.

“Logramos tener una densidad habitacional muy atractiva dentro de la ciudad, unas 500 casas por hectárea, en edificios no tan altos, pues sólo son cuatro y cinco niveles, con patios de casi 16 x 30 m”.

El arquitecto Castillo está convencido de que ese modelo puede funcionar en otras ciudades y “es el futuro”.

Da algunas explicaciones de por qué estos proyectos tienen éxito: las personas prefieren invertir más en una vivienda que esté dentro de la ciudad, pues reducen considerablemente el tiempo de traslados.

Por esa razón, Arquitectura 911sc estima que en 2015 ya habrá construido alrededor de 2,000 casas con esas características. Ya tiene dos proyectos más en puerta: uno en la colonia Doctores y otro en Atlampa.

“Ya no hay pasos para atrás. Ya no podemos seguir construyendo lejos de los centros de trabajo. Todos, arquitectos y desarrolladores tenemos que estar conscientes de eso”, expresa.

Cortesía Tec de Monterrey

Nuevas dinámicas 

Los jóvenes se han enfocado en los cambios de las dinámicas familiares y han diseñado espacios conforme a esas transformaciones.

Un ejemplo son los tres proyectos elaborados en 2013 por estudiantes de la carrera de arquitectura del Tec de Monterrey, para el Instituto de Vivienda del Distrito Federal (Invi), en desarrollos ubicados en Iztapalapa, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza.

En esos diseños contemplan la creación de vivienda vertical con departamentos de máximo 60 m2.

Mauricio Martínez, profesor de arquitectura del Tec y coordinador académico de esa colaboración, sostiene que el Invi aprobó los proyectos porque eran innovadores y viables, pues aunque había mejoras arquitectónicas su costo no se disparó.

La dinámica familiar ha cambiado en cuestión de espacios, menciona el catedrático. Por ejemplo, dice, el comedor ya no se usa. Todos trabajan, llegan en la noche y comen en la cocina o viendo la televisión. Entonces, “propusimos a la gente del Invi que en lugar de comedor, para crecer el espacio, se hiciera una barra adicional a la cocina”.

Lo anterior les permitió tener recámaras de 3 x 3 m, cuando el reglamento pide mínimo 2 x 2 m. “Es un gran avance”, considera Mauricio Martínez.

Definieron que la entrada sería por la estancia, para darle privacidad a las recámaras. También incluyeron calentadores solares de agua, tratamiento pluvial, muros verdes y más cajones de estacio-
namiento de lo que indica la normativa.

Las fachadas y los acabados interiores requerirán cero mantenimiento por el tipo de materiales seleccionados. “Nos dicen que las fachadas que queremos parecen de la Del Valle o la Nápoles, pero no por ser vivienda social tiene que ser más fea”, expresa el arquitecto.

Estos proyectos ya tienen la aprobación del Invi y comenzarán a construirse antes de que finalice 2014, asegura Mauricio Martínez.

Áreas públicas 

Otros proyectos se han enfocado en los espacios exteriores, bajo el entendido de que hacer vivienda es hacer ciudad, como el concebido por los arquitectos Perla Posada Vique, Guadalupe Riesgo Guadarrama y Gabriel Sergio López Marsana, de la Universidad Autónoma de Morelos.

Su propuesta es la revitalización de Ahuatlán Sur, complejo construido por Casas Geo en 2003 en el norte de Cuernavaca, uno de los primeros de vivienda masi-
va creado por las desarrolladoras en la entidad, pero con severas carencias.

Aunque su proyecto aún no tiene luz verde, obtuvo el primer lugar a escala nacional en el Urban Revitalization of Mass Housing de las Naciones Unidas, por las innovaciones que propone en materia de espacios públicos. Pero aún espera financiamiento para materializarse.

Posada Vique explica que su trabajo consistió no en la renovación arquitectónica de las viviendas en sí, sino de los espacios públicos que comparten esas viviendas, con el fin de mejorar la calidad de vida de los habitantes de la unidad, compuesta por más de 2,000 casas.

“La infraestructura está en muy malas condiciones. Los escurrimientos de agua en las banquetas no te permiten caminar por las aceras y solamente hay una ruta de transporte público”, dice la arquitecta.

La propuesta consiste en revitalizar la vialidad a través de diferentes puentes e introducir nuevas rutas de transporte público, además de construir paraderos y ciclovías.

También contempla el impulso al tianguis local, la construcción de nuevos drenajes y la revitalización de los que ya están, el mejoramiento de los pavimentos, la construcción de rampas para personas con discapacidad y el fomento a los andadores populares.

“Si de verdad podemos crear nuevas viviendas populares regidas por esto (espacios públicos) durante este sexenio, las dinámicas de nuestras ciudades cambiarán considerablemente”, estima la arquitecta Perla Posada Vique.

Las reglas en contra

Para algunos arquitectos hay un gran impedimento legal para desarrollar nuevos diseños de vivienda social: la normatividad vigente, pues limita demasiado las características de los nuevos proyectos.

Javier Sánchez, arquitecto fundador de JSª Arquitectura y autor del libro La vivienda social en México, piensa que una de las primeras acciones para dar un viraje al tipo de vivienda popular es cambiar las normas locales que rigen las características que éstas debene tener en las ciudades, empezando por la Norma 26 de la Ciudad de México (Norma de Ordenación 26, de la Ley de Desarrollo Urbano del Distrito Federal ), que en teoría busca “incentivar la Producción de Vivienda Sustentable, de Interés Social y Popular”.

Desde su visión, y en coincidencia con la arquitecta Sara Topelson, titular del Centro de Investigación y Documentación de la Casa, las nuevas reglas deben impulsar la vivienda dentro de los núcleos urbanos, cerca de los centros de trabajo. “Debe haber normas nuevas para que exista la vivienda vertical que quiere el gobierno federal, y más dentro de las ciudades. Cuando eso quede cubierto podemos empezar a hablar de cambios en la arquitectura. Mientras, nada es viable”, expresa Sánchez.

El arquitecto explica que “los desarrolladores en el centro de la ciudad requieren terrenos grandes; es muy complicado para ellos hacer proyectos chicos. Prefieren una economía de escala y es entendible”, porque “no hay realmente un incentivo para hacer proyectos pequeños en la ciudad,
y esa sería la solución”.

El arquitecto Ulises Zúñiga, de Taller Veinticuatro, y quien ha desarrollado un proyecto arquitectónico que consiste en cambios sustanciales en la legislación de la Ciudad de México para generar transformaciones en el modo de hacer vivienda social, asegura que debe incentivarse el uso mixto de la vivienda, como oficina o fábrica a la vez, por ejemplo, y propone un cambio en las normas de los estacionamientos, para mejorar los espacios de convivencia.

“La legislación actual exige una cantidad muy alta de coches por vivienda, que más o menos equivale a 30 o 40% del área vendible. Nuestra propuesta es eliminar gran parte de los estacionamientos y utilizar esa área para espacios públicos, áreas comerciales o departamentos más grandes”, precisa Zúñiga.

Taller Veinticuatro propone que el estilo arquitectónico de los conjuntos de vivienda social no sea uniforme, para que exista una identidad diferenciada y se permitan adecuaciones familiares a las viviendas.

“Lo que proponemos es un estilo libre, que los edificios sean del tipo que quieran, que no haya una restricción en cuanto a la manera en que se vean; entendemos que la diversidad de la ciudad está también en la diversidad de sus fachadas, no en 2,000 o 3,000 viviendas iguales”, argumenta Zúñiga.

*Fuente: Obras web

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