¿POR QUÉ VALORAMOS TANTO LA CASA PROPIA?

Dan Ariely, experto en economía del comportamiento, suele hablar del fenómeno de la sobrevaloración de “lo que tenemos”. Ahí aparece la pregunta: ¿por qué tiene tan alto precio (psicológicamente hablando) la casa propia? El especialista en economía conductual da varias razones:

Nos enamoramos de lo que ya tenemos. Para el ser humano, los recuerdos son todo. Nos aferramos a los objetos materiales porque nos disparan miles de sensaciones e imágenes de todo tipo, y nos teletransportan a lugares y épocas que no queremos olvidar. Un sillón que te devuelve por un rato a un abuelo, una pelota que te acerca a un primo ahora lejano, un patio que te revive aventuras compartidas con un viejo amigo. Con la vivienda ocurre lo mismo: marca una etapa de la vida y nos cuesta desprendernos.

– Prestamos más atención a lo que podemos perder que a lo que podemos ganar. Trasladamos la premisa de ‘todo tiempo pasado siempre fue mejor’ a nuestra vivienda y nos autoconvencemos de que la propiedad en cuestión es única y sin parangón. De ahí que la pongamos a la venta a un precio elevado y poco realista, en vez de ofrecerla a un precio justo y concentrarnos en la oportunidad que nos espera más adelante.

Suponemos que los demás verán la transacción desde la misma perspectiva que nosotros. Tenemos que entender que el interesado no le adjudicará ningún valor emocional a nuestra propiedad, y seguramente, desde su punto de vista, la vivienda valga menos de lo que nosotros consideramos, al margen de que la transacción en sí misma –todo un acontecimiento para el propietario original- para el comprador no sea otra cosa que un negocio más.

Cuanto más trabajo ha puesto uno en algo, mayor será el sentimiento de propiedad que empezará a experimentar con respecto a ello. Tener un techo propio es algo a lo que muchos aspiran pero a lo que, desafortunadamente y en época de crisis económica, no muchos acceden con facilidad. Para aquel que ha logrado alcanzar ese techo con trabajo duro y años de esfuerzo, pasarlo a manos de otra persona implica todo un proceso emocional que no siempre resulta fácil de encarar. Más me costó tenerla, más mía la siento y, por ende, más me costará dejarla ir.

– Podemos empezar a experimentar el sentimiento de propiedad aún antes de que poseamos algo (Ej: espiral ascendente que a menudo vemos en las subastas online). Dato de color: esta “propiedad virtual” es el origen de la industria de la publicidad (crees que ya lo tienes, lo valoras más porque crees que ya “es tuyo” y eso te hace estar dispuesto a pagar mucho más – te compenetras con el objeto a punto tal de sentir que tienes mayor dominio sobre él del que en verdad tienes).

Algo muy peculiar también es que la propiedad (y sensación de propiedad) no se limita a las cosas materiales. También aplica a los puntos de vista. Una vez que nos apropiamos de una idea la amamos quizá más de lo que deberíamos, la apreciamos en más de lo que vale y, con mucha frecuencia, tenemos problemas para abandonarla porque no podemos soportar la posibilidad de perderla (ideología rígida e inflexible).

Escrito por: Santiago Magnin

*Fuente: http://blog.sumaprop.com/

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